Un equipo de biólogos logró registrar en Pando a esta especie esquiva. Lee más en La Región Salvaje. Clic aquí
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Redacción

La Región / Fotos: Eduardo Navia

En el denso e imponente bosque amazónico del norte boliviano, existe un habitante cuya observación directa es considerada una verdadera hazaña para la ciencia. Corallus batesii, conocida comúnmente como la boa esmeralda del Amazonas, es una especie sumamente difícil de avistar en vida natural, porque habita en la copa de árboles que superan los seis metros de alto.

El primer factor que la convierte en un enigma para los herpetólogos es su estricto comportamiento biológico. A diferencia de otras serpientes, la Corallus batesii es un especialista del estrato alto. Vive oculta en la copa de los árboles y sus hábitos son nocturnos.

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Para los biólogos que se internan en el monte, la única manera de detectarla en medio de la oscuridad, es mediante el uso de linternas, buscando el reflejo de sus ojos en las alturas. Sin embargo, este método presenta un desafío técnico: en el mismo hábitat abunda otra especie del mismo género, la Corallus hortulanus una boa gris que se suele ver con mayor frecuencia. Como los ojos de ambas reflejan la luz de la misma forma, los investigadores a menudo ven un brillo a la distancia y lo ignoran pensando que es otra especie común. Por ello, examinar meticulosamente cada reflejo es crucial para no perder la oportunidad de su vida.

Esa meticulosidad fue la que llevó a los biólogos Eduardo Navia y Steffen Reichle a observar esta boa esmeralda, el 19 de enero de este año, en la Estación Biológica de Tahuamanu, Pando. “Tuvimos suerte, estaba relativamente bajo, a seis metros de altura”, dice Reichle a La Región.

Foto: Eduardo Navia

La Corallus batesii es una especie sumamente exigente con su entorno. De acuerdo con el experto, solo es posible encontrarla en bosques de buena calidad, específicamente en bosques primarios, y nunca ha sido registrada en bosques perturbados o secundarios. Su sola presencia es un indicador biológico definitivo de la excelente salud y conservación del ecosistema.

Ficha práctica de la especie

Nombre científico: Corallus batesii
Nombre común: Boa esmeralda o boa esmeralda del Amazonas
Género: Corallus (perteneciente a las boas arborícolas)
Estatus taxonómico: Anteriormente compartía una amplia distribución bajo el nombre de Corallus caninus. Tras realizar estudios genéticos, la población del norte conservó el nombre de Corallus caninus, mientras que la población del sur fue separada bajo el nombre de Corallus batesii.
Hábitat y estrato: Bosques tropicales lluviosos de excelente calidad (bosques primarios). Es una especialista del estrato alto (copa de los árboles).
Comportamiento: Nocturno y arborícola.
Alimentación y rol ecológico: Caza en las alturas valiéndose de su estrato para capturar aves y murciélagos.
Mecanismo de captura: Es una boa no venenosa que mata a sus presas por constricción (apretándolas).
Dentadura y temperamento: Posee dientes muy largos, curvados y dispuestos en varias filas. Es un animal superagresivo que siempre intenta morder si se siente amenazado. Su mordedura es sumamente dolorosa debido a la cantidad de dientes que penetran; por su forma curvada, la presa o el investigador no puede retirarse por la fuerza, sino que debe esperar a que la serpiente suelte por sí misma.
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Detalles del avistamiento

Foto: Eduardo Navia

Los biólogos Eduardo Navia y Steffen Reichle lograron registrar un ejemplar de esta especie bajo condiciones excepcionales. A continuación se detallan los datos específicos del encuentro:

  • Lugar del hallazgo: El avistamiento ocurrió en enero de este año, en la Estación Biológica de Tahuamanu, Panzo, Amazonia de Bolivia.
  • Ubicación en el bosque: La boa fue localizada a una altura de seis metros. Este hecho representó una enorme fortuna para el equipo, ya que la especie usualmente habita en el estrato alto y es muy raro que descienda al estrato medio (nunca se la ha observado en el suelo o estrato bajo).
  • Método de registro: Al no existir trampas efectivas para serpientes arborícolas de este tamaño (los sistemas de pitfalls o trampas de caída tradicionales no funcionan porque las serpientes grandes se salen), el hallazgo se logró mediante la técnica de búsqueda activa a pie, caminando largas distancias por el monte equipados únicamente con linternas. Una vez detectada, se requirió el trabajo coordinado de tres personas para lograr bajar al ejemplar de forma segura. Debido a las dificultades físicas y de iluminación que implicaba la altura original, el animal fue trasladado temporalmente a un espacio controlado en el suelo para realizar el registro fotográfico antes de su liberación.

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